jueves, 4 de febrero de 2010

Conectar

Esta es la palabra de la semana:

Conectar con mi presente, dejar de estar en stanby.
Conectar con mis amigas de Cba, y no desconectar con las de Rosario.
Conectar con mi nueva casa, con el barrio.
Conectar con mi ser interno, sentir la fuerza que fluye dentro de mi.
Conectar con mi cuerpo, cuidarlo.
Conectar con mis hijos, ellos me estan necesitando y yo a ellos.
Conectar con mi amor, a pesar de la distancia de cada semana.
Conectar con mi oficio de acompañadora...
Conectar con mis creencias,
Conectar con mis proyectos.

Ale Galvan

lunes, 1 de febrero de 2010

De mi Amiga Ana.

Anoche no podía dormir y nació esta reflexión.
Sí, x ahora así es el título
Mezcla de deseo y camino recorrido

Cuando las mujeres esperamos un hijo elegimos a las personas que nos acompañarán durante el embarazo, durante el trabajo de parto y en el parto mismo. Construimos lazos con esas personas. El modo de vincularnos será diferente en cada caso, lo importante es que las bases de esas relaciones sean el respeto, la confianza y el amor. Sin amor el parto no fluye y no es una metáfora, es puramente fisiológico.
El padre del niño podrá ser también una compañía sólida para nosotras, siempre y cuando pueda y quiera hacerlo.
Todos tejen una red que contiene y controla nuestra salud y la del niño. Ese acompañamiento puede manifestarse en palabras, frases, miradas, encuentros y por momentos, sobre todo durante el parto, la red, no hará nada. Nuestra cultura occidental nos ha adiestrado a producir, producir es hacer, por eso estamos acostumbrados a que tenemos que hacer algo.
Pero la naturaleza tiene su propia lógica y a veces no hacer nada es hacer mucho.

Además de los vínculos que generamos con nuestros acompañantes debemos dar lugar al vínculo con nosotras mismas. Desenterrar el tesoro interno de los saberes ancestrales que nuestra cultura moderna se ha empecinado en sepultar mas y mas.
Tendremos entonces que emprender un camino de regreso. A cada mujer le tocará su camino, para algunas será un camino pantanoso, a otras le tocará un sendero al borde del abismo y otras tal vez el lecho caudaloso de un río, nos dejamos llevar porque en esa búsqueda, no sabemos cómo ni cuando, aparece la guía. La guía es sabia y conoce el camino. La guía está en nosotras, la guía es nosotras y a su vez la guía es otra. Difícil de entender pero sí que está, podemos sentirla.
Busquemos nuestra red, no esta tan lejos y cuidemos de la guía, ella es nuestra aliada.
Será cuestión de agudizar la percepción, vislumbrar mas allá, ensuciarnos los pies con barro, soltarnos el cabello y aullar un poco.
La red es fundamental
La guía es imprescindible.

Mientras tanto el bebe crece dentro de nuestro útero.
En algún momento, ya nuestra panza es grande, el período de gestación está llegando a su fin Nos sentimos retraídas, hablamos poco y tenemos deseos de estar en casa. La llegada del bebé es inminente.
Él quiere nacer, y es porque está maduro. No podemos saber cuando ocurrirá el nacimiento, dentro de lo posible damos lugar al misterio de la vida, no manipulamos sus tiempos. La mejor fruta es la que madura en el árbol.
Las primeras señales hacen su aparición, al principio es confuso, nuestra conciencia es todavía la cotidiana. Hay un asomo de miedo, pero está la red y el miedo se disipa.
Las señales se hacen más evidentes y aparece progresivamente el dolor. El dolor nos corre de la conciencia cotidiana y aparece en la escena la guía. Dejemos que la guía conduzca, ella conoce el camino y transita cada tramo a su tiempo, nuestro tiempo.
La red decodifica a la guía.
La red y la guía son amigas y no se temen.
Continuamos el ascenso y cada nuevo acontecimiento que nos ocurre son mojones que nos ubican. Nunca habíamos pasado por esto, pero es familiar, es muy nuestro.
El dolor, esa contracción que fue un terremoto interno que nos recorrió enteras, el fuego cuando el bebe casi esta por salir, cada suceso da lugar a otro suceso, y así es como vamos llegando a la cima.
El bebe nace.
Su mejor cobijo es nuestra piel, busca el pezón, se prende a nuestro cuerpo. Ambos estamos alerta, luminosos. Conectados.
Hay paz y Dios existe.
No hubo ni hay violencia de ningún tipo.
Hay alegría, el nacimiento es el más divino de todos los rituales y nos da alegría.
Nuestro cuerpo vibra y es poderoso. Nuestra conciencia lentamente vuelve a su curso cotidiano.
El ritual esta llegando a su fin y las ramas de la hoguera ya son ceniza
La familia y su nueva cría descansamos. Los demás vuelven a sus hogares, retoman el ritmo cotidiano de nuestra aldea moderna.
Pero ya no somos los mismos y sin duda, el mundo tampoco


Ana María Arias